Ante
todo, acérquese a Dios y pídale perdón por
no haberse sometido a Él. Entréguese a Dios para
que Él vuelva el corazón de sus hijos hacia usted.
Solicite perdón a su familia por no haber sabido ejercer
la autoridad que Dios le otorgó. Pida a Dios sabiduría
para ejercer esa autoridad con amor, ternura y responsabilidad.
Y finalmente, algo muy sencillo, pero importante: perdónese
a usted mismo por no haber sabido hacerlo y decida ser un padre
“muy padre” (muy bueno). Usted es el mejor padre para
sus hijos.

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LA
AUTORIDAD EN LA FAMILIA
Por José Luis Hernández Moreno
En
esta ocasión, continuaremos comentando, en familia, acerca
de la autoridad del hombre dentro de ella.
La
autoridad es puesta, no impuesta
Una
de las cosas que debemos aclarar es que toda autoridad es puesta
por Dios, pero no impuesta. El hombre no puede ejercer “su
autoridad” de forma arbitraria; debe ser reconocida, no
impuesta. Es decir, el hombre es la cabeza de la esposa; esa es
su posición. Sin embargo, el liderazgo y el respeto de
su familia debe ganarse, así como el reconocimiento de
autoridad que Dios le ha dado.
La
autoridad debe ser reconocida
Esto
quiere decir que el hombre debe ganarse el reconocimiento; él
puede tener la autoridad y no ser aceptada por su familia. Esto
se debe a que el hombre no se ha sabido ganar el respeto y el
liderazgo familiar; legalmente, tiene autoridad, pero vitalmente
no la ha conquistado.
El
abuso de autoridad
Esta
situación de estar en una “posición de autoridad”
y no tenerla, lleva a las personas a buscar, en forma violenta
(o como sea), ejercer su autoridad. Es típico escuchar
decir “Aquí mando yo”.
Cuántas veces se trata de imponer la autoridad paterna
a gritos o con regaños y amenazas, y en otras ocasiones
con chantajes. “Si me obedeces te doy tal cosa”. Es
necesario que reconozcamos que la autoridad no se gana con intimidaciones
ni con amenazas.
La
autoridad del Padre
La
autoridad del Padre de familia proviene de Dios. Como padres,
tenemos autoridad cuando nos sometemos a Él y es reconocida
por nuestra familia cuando, con respeto y ternura, asumimos nuestra
responsabilidad de ser la cabeza de nuestra esposa y de nuestra
familia.
Nuestros
hijos aprenden por el ejemplo que ellos ven en nosotros. Si ellos
se percatan de que amamos a Dios, también ellos los amarán.
Si obedecemos a Dios, también ellos lo obedecerán,
y si lo hacen, entonces también nos obedecerán.
Importancia
del ejemplo
La
desobediencia y la rebeldía de los hijos regularmente provienen
de los padres. Un padre que trata mal a su esposa no espere tener
hijos que sean buenos con mamá. Una madre que no respeta
a su esposo no espere que sus hijos honren a papá.
Desgraciadamente, hemos conocido lo impactante que es el ejemplo
que, como padres, damos a nuestros hijos. Ellos son un reflejo
fiel de lo que hacemos en casa. La pregunta es: ¿Qué
ejemplo les estamos dando?
Qué
hacer para restaurar la autoridad
Posiblemente
usted, amigo lector, se está preguntando: ¿qué
puedo hacer para que mi familia reconozca la autoridad en mí?
¿Cómo ganar el respeto que mis hijos me han perdido?
Ante todo, acérquese a Dios y pídale perdón
por no haberse sometido a Él. Entréguese a Dios
para que Él vuelva el corazón de sus hijos hacia
usted. Solicite perdón a su familia por no haber sabido
ejercer la autoridad que Dios le otorgó. Pida a Dios sabiduría
para ejercer esa autoridad con amor, ternura y responsabilidad.
Y finalmente, algo muy sencillo, pero importante: perdónese
a usted mismo por no haber sabido hacerlo y decida ser un padre
“muy padre” (muy bueno). Usted es el mejor padre para
sus hijos. Mi deseo es que todo salga bien si ha tenido problemas
en esta área de su vida, y que Dios le bendiga mucho, pero
muchísimo.
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